IDLES, Spiritualzed y Magdalena Bay fueron algunos de los nombres destacados de la primera de las tres jornadas principales del festival
Un andamio metálico. Esa es toda la escenografía que necesita FKA twigs para articular un show del que sale reafirmada como una de las más heterodoxas figuras del pop contemporáneo. Su concierto casi pudo entenderse como el negativo de un espectáculo de popstar canónico. Había una estructura narrativa que dividía el set en distintos capítulos, bailarines y también cambios de vestuario, pero todo en una versión minimal, que iba cerrando el foco cada vez más en el cuerpo y la voz de la diva. Una Tahliah Debrett Barnett que se contorsionó horizontal y verticalmente (hubo, sí, pole dance) a través del repertorio bailable de Eusexua, pero que también encontró un lugar en la inmensidad del escenario Estrella Damm para proyectar la intimidad líquida de Home With You, Numbers (con coreografía de espada a contraluz sobre un fondo rojo, creando una estampa digna de Tarantino o de Seijun Suzuki), Two Weeks y la final Cellophane.
Con FKA twigs llegó la noche a Primavera Sound, pero la actividad y los estímulos habían empezado horas antes.
Con el sol todavía alto, beabadoobee hizo suspirar a su jovencísima (y cada vez más nutrida) legión de fans por la melodía y suave distorsión de principios del siglo XXI, entre anhelos de ser Stephen Malkmus y lecciones de fraseo pop aprendidas de Aimee Mann, destiladas con un carisma que solo pertenece a la filipino-británica, capaz de poner a toda la audiencia a saltar con un solo gesto suyo, como sucedió en She Plays Bass. Ese pacto intangible entre público y banda fue también la columna vertebral del pase de IDLES en el escenario Revolut. Los de Bristol han crecido en sonido y popularidad hasta encabezar todo cartel que cuente con ellos, sin que el gigantismo haga mella a la fisicidad voluptuosa de su propuesta. Hubo crowdsurfing, pogo e instantes que creeríamos posibles solo en un local minúsculo, así como llamadas reivindicativas, como la de Danny Nedelko, dedicada al pueblo de Palestina y a todos los que luchan en “el lado correcto de la historia”. Siempre en su equipo.
En otras zonas del Parc del Fòrum, ponerse frente al escenario donde actuaba Nourished by Time fue como un ejercicio de agudeza auditiva. En el proyecto del barítono Marcus Brown pudieron reconocerse trazas de la sampledelia de The Avalanches, el hip-house de los mejores Outkast, el trote synth de Future Islands, las baladas de The Blue Nile y los remixes de Moodymann, aunque la suma de todas esas partes ofrecía un resultado imposible de rastrear en cualquier otro rincón del festival. Definitivamente nadie lo hace como Nourished by Time ahora mismo. Otro estimulante brainstorming sonoro se vivió con Magdalena Bay, dúo que mira el pop desde un prisma que ya podría parecer desgastado por sus claras conexiones con acontecimientos musicales pasados (de Talk Talk a Gwen Stefani, de ABBA a The Go! Team). Sin embargo, quizá por una cuestión de puro contraste con las corrientes generalistas del pop contemporáneo, quizá simplemente empujadas por la energía contagiosa de Mica Tenembaum, sus canciones irradiaron el inconfundible brillo de la novedad.
Los años nos han acostumbrado a que los artistas que actúan en Primavera Sound expresen en voz alta su felicidad por estar tocando al lado del mar, pero pocas veces ese comentario ha sonado tan sincero como cuando lo manifestó Cassandra Jenkins, quizá porque la textura sofisti-pop (saxo incluído) que ha ido tiñendo su repertorio marida particularmente bien con la brisa marina. Esta también equilibró, por contraste, el magma de las jondas letanías de plomo vertidas por Frente Abierto, por las que se abría paso el cante de Israel Fernández y Lela Soto, así como el metal sin aditivos, puro carbón venenoso, de Midnight. Y fue el componente que elevó definitivamente la revisitación que Spiritualized hicieron de una de sus obras maestras, Pure Phase, cuyas corrientes de tensión eléctrica se daban la mano con los metales y las cuerdas en un retablo espiritual-narcótico.
Probablemente, el título de esta sección nunca había tenido tanto sentido como en el Journal de hoy, ya que el show que encabezó la noche del jueves de Primavera Sound 2025 era una auténtica exclusiva internacional. Si el año pasado el festival fue testigo en primicia del nacimiento del fenómeno Brat Summer, en esta ocasión sirvió de cierre de ciclo, acogiendo la única actuación en Europa de SWEAT, el espectáculo con que Charli xcx y Troye Sivan hicieron pleno de sold outs en Estados Unidos y en el que ambos se retroalimentan con la energía de sus respectivos annus mirabilis. Sivan, que celebró su 30 cumpleaños en el escenario, sublimó el concepto evil twink en una imparable escalada de coreografías tórridas hasta encaramarse a la febril Rush.
Por su parte, Charli xcx hizo caer el telón verde fluor y sirvió el cuerpo entero (una auténtica maratón de carreras, saltos y revolcones por el suelo) para despachar los club classics de Brat, saludados por el público como las piezas de uno de los textos pop más complejos, expansivos y significativos del hoy y el ahora.
Las historias del australiano y la británica discurrieron en alternancia hasta cruzarse en las definitivas 1999 y Talk talk, que puso punto y final a un concierto (¿o fueron dos sets que comparían la misma energía?) que tuvo como guinda sorpresa el cameo en las pantallas de Chappell Roan, encargada de ejecutar la coreografía viral de Apple Girl.
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